El propósito.
El propósito puede (o no) tener relación con la profesión que desempeñas. Te puedes ganar la (carísima) vida con él, o quizá no. No es una idea de negocio, va mucho más allá. Ciertamente, es mucho más importante encontrar un propósito que encontrar un empleo.
En muchas culturas se realizan rituales para que la persona pueda acceder a su misión, a su Ikigai1. En las diferentes religiones o formas espirituales extendidas por el mundo y por la historia se ha puesto el foco en buscar y atender aquello que estamos llamados a ser.
Esto otorga un gran sentido a la vida, mucho más que la vorágine de la productividad, consumismo y desconexión en la que estamos inmersas. Nos da fuerza frente a las dificultades.
Puede tener que ver con algo valorado socialmente, o no. Puede estar relacionado con una causa compartida, o ser un camino solitario. Puede tener relación con un único tema o con varios. A veces, la misión no pide hacer grandes movimientos. Es humilde y cotidiana. En otras ocasiones busca más repercusión. Presta atención.
Tiene que ver con tus dones, con tus motivaciones, seguramente con todo aquello que espontáneamente hacías de niñ@ y que, por una causa u otra, no pudo florecer.
Tiene que ver con un “qué” y con un “cómo”. Puedes estar haciendo lo que amas de una forma que te chirría. Revisa.
Las personas que ponen en juego su propósito mueven el mundo.
¿Estás en contacto con el propio?
Footnotes
-
Ikigai es un concepto japonés que hace referencia a aquello que da sentido a la vida, lo que nos motiva a levantarnos cada mañana. ↩