El valor de ser anciana
Ser una persona mayor no está bien visto en nuestra cultura. El término edadismo, por desgracia cada vez más conocido, hace alusión a esa discriminación que sufren las personas por tener cierta edad.
La tasa de soledad en ancianos se extiende a una de cada dos personas en nuestro país. En estos tiempos en que los vecinos ya no son como una familia, y los familiares andamos atrapados en la compleja vorágine diaria, los mayores se quedan solos.
La sobremedicación es un hecho extendido en este grupo social que genera serios problemas de salud (y altos ingresos en ciertos sectores).
La brecha digital les excluye de los lugares donde funcionamos masiva (y compulsivamente), y les coloca en un lugar de vulnerabilidad frente a estafas más o menos explícitas.
Es difícil ser un/a ancian@ feliz y realizad@ con este peso de discriminación sobre los hombros.
Quiero, en este texto, poner de relevancia que los factores socioeconómicos arrasan con la salud mental de las personas mayores.
Porque soy y he sido testigo de ello a lo largo de estos años de experiencia profesional y personal.
Creo que el camino pasa por revalorizar los cuidados frente a la productividad, y no silenciar la voz de su valía, experiencia y conocimientos, fundamentales para estos tiempos en los que vivimos.
Lo más valioso y útil de mi vida lo he aprendido de personas de avanzada edad. ¿Y tú?